Formación paso a paso
Aprenderás a vender y a construir tu propio equipo, sin prisas y con herramientas claras desde el primer día.
Txell Flores
Veintiséis años en la banca, un sueldo de más de 4K euros al mes y un cuerpo que dijo basta. Hoy construyo, desde cero, una vida y un negocio que van a mi ritmo. Y te invito a hacerlo conmigo.
Durante veintiséis años trabajé en el sector bancario. Nómina estable, más de 4K euros al mes, un puesto del que se habla con respeto. Por fuera, una vida ordenada. Por dentro, un estrés constante que yo llamaba “normalidad”.
Hasta que un día mi cuerpo dejó de obedecerme. Llegaron las crisis de ansiedad y los ataques de pánico. Me faltaba el aire en lugares donde antes me sentía segura.
Después vino el silencio. Siete meses de burnout y agotamiento crónico, levantándome cada mañana sin fuerzas, funcionando en piloto automático, durmiendo sin descansar. Poco a poco dejé de ser yo. La mujer que reía, que bromeaba, que tenía ganas de todo, se fue apagando sin que yo supiera cómo detenerlo.
Y lo más duro de todo: dejé de sonreír.
Me miraba al espejo y no me reconocía. Esa sonrisa que antes me salía sola se había convertido en un esfuerzo imposible. Ahí entendí algo que no se aprende en ninguna oficina: ningún sueldo compensa perderte a ti misma.
Tuve miedo. Mucho. Dejar una carrera entera atrás, y un sueldo que sostenía mi vida, parecía una locura. Pero más locura era seguir igual. Así que di el paso: empecé de cero. Y poco a poco, sin darme cuenta, la sonrisa volvió. Hoy tengo 51 años y te aseguro que nunca me he sentido tan libre, tan serena ni con tanta ilusión por lo que viene.
No te cuento esto desde un pedestal. Te lo cuento desde el otro lado: desde la mujer que también tuvo dudas, que también pensó “¿y si no puedo?”, y que descubrió que sí.
“Empezar de cero no es perderlo todo. Es por fin elegirte.”
No necesitas experiencia previa. Necesitas ganas, honestidad contigo misma y alguien que te acompañe en los primeros pasos. Eso es lo que encontrarás aquí.
Aprenderás a vender y a construir tu propio equipo, sin prisas y con herramientas claras desde el primer día.
Yo misma, o una líder de mi equipo, te guiaré personalmente. No vas a estar sola en ningún momento.
Mujeres que se apoyan, se escuchan y celebran los logros de las demás. Aquí se crece juntas.
Los resultados dependen de tu constancia y dedicación; no existen ingresos garantizados. Lo que sí te garantizo es transparencia y acompañamiento.
Vender es mucho más fácil cuando hablas de algo que usas y te gusta. Estos son los productos con los que trabajo y que te enseñaré a compartir.
Rutinas sencillas para cuidarte cada día.
Pequeños hábitos que se notan por dentro y por fuera.
Esenciales para el día a día de tu casa.
Escribo lo que me hubiera gustado leer en mis peores meses. Por si hoy te hace falta a ti.
Así fue mi primera crisis de pánico y las señales que llevaba meses ignorando.
6 min de lecturaLo que viví dentro del burnout y cómo dejé de reconocerme.
6 min de lecturaLos pasos, pequeños y reales, que me trajeron de vuelta a mí.
Durante años me dije que estaba bien. Que era cansancio, que ya descansaría en vacaciones, que así era el mundo de la banca. Trabajaba mucho, ganaba bien y no me permitía parar a preguntarme cómo estaba de verdad.
Hasta que mi cuerpo decidió hablar por mí. El corazón acelerado, el aire que no llegaba, una sensación de peligro sin ningún peligro a la vista. Fue la primera de varias crisis de ansiedad y de pánico, y me asustó como nada en mi vida.
Mirando atrás, había avisos: dormir mal, irritarme por cualquier cosa, vivir con el hombro tenso, sentir que nunca llegaba a todo. Los normalicé uno a uno porque “tocaba aguantar”.
Si estás leyendo esto con un nudo en el pecho: no estás exagerando y no estás sola. La ansiedad no es debilidad. Es tu cuerpo diciendo que ha llegado a su límite, y merece que lo escuches.
Esto es mi experiencia personal y no sustituye la ayuda de un profesional de la salud. Si te reconoces en lo que cuento, habla con tu médico o con un psicólogo.
Después de las crisis llegó algo más silencioso y más difícil de explicar: un agotamiento crónico que no se iba durmiendo ni descansando. Siete meses de burnout.
Me levantaba sin fuerzas. Hacía lo que tenía que hacer en piloto automático, sin sentir casi nada. Las cosas que antes me ilusionaban me daban igual. Y poco a poco dejé de ser yo: la mujer que reía, que tenía ganas de todo, se fue apagando.
Un día me miré al espejo y no me reconocí. Mi sonrisa, que siempre había sido lo más natural del mundo, había desaparecido. Y lo peor es que ni siquiera lo había notado.
Aprendí que el cuerpo y la mente tienen límites, y que ignorarlos no te hace más fuerte, solo más lejana de ti. Aprendí que el éxito medido en nómina no sirve de nada si pagas por él con tu salud.
Esto es mi experiencia personal y no sustituye la ayuda de un profesional de la salud. Si sientes un agotamiento que no remite, pide ayuda profesional.
No hubo un momento mágico. Hubo muchos pequeños pasos, algunos torpes, otros valientes. Te cuento los que más me ayudaron.
Reconocer en voz alta que no podía más fue el primer alivio. Dejé de justificarme y empecé a escucharme.
Hablar con las personas que me quieren y con profesionales me recordó que no tenemos que poder con todo solas.
Entendí que el problema no era yo, sino una vida que me exigía más de lo que podía dar. Con miedo y con todo en contra sobre el papel, dejé la banca y empecé de cero, con un trabajo a mi ritmo.
Un paseo, una risa, una mañana sin prisa. Un día, sin darme cuenta, volví a sonreír. Hoy, con 51 años, esa sonrisa es lo que más cuido.
Esto es mi experiencia personal y no sustituye la ayuda de un profesional de la salud.
Déjame tus datos. Me pondré en contacto contigo yo misma, o lo hará una de las líderes de mi equipo, para contarte cómo funciona todo y resolver tus dudas. Sin compromiso.
Si has llegado hasta aquí, quizá ya sabes que algo tiene que cambiar. Me encantará acompañarte.